“La ciudad se transforma indiferente” emerge en el pavimento como grieta en la memoria urbana. No se trata de un homenaje nostálgico ni de una restauración romántica de lo perdido, sino de un acto de confrontación. Es la inscripción literal en el cuerpo de la ciudad, una búsqueda por resistir sobre el olvido.
Como ruinas contemporáneas, estas piedras grabadas no aspiran a monumentalizar el pasado; al contrario, hablan de un presente que se redefine constantemente, que sobreimprime sus narrativas con violencia y rapidez, olvidando lo que yace debajo. Al ser ocultadas bajo el asfalto, no desaparecen del todo; permanecen como testigos incómodos, como fragmentos que resisten la amnesia colectiva y cuestionan la relación entre la ciudad y su historia. Adoquinado que encarna, sobre todo, la paradoja de una transformación que reniega de su propio origen.
Escrito en piedra
Fotografía
Intervención y video


